Albert Life no es un dispositivo médico, no es un GPS, no es un chatbot clínico, no es una cámara oculta en la vida de quienes amamos.
Albert Life es una promesa escrita en el código: que la tecnología puede proteger a las familias sin traicionar la dignidad de quien es observado.
Creemos en cinco cosas, y las aplicamos cada día.
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Uno. Nunca vendemos datos.
Los datos de tu madre, de tu padre, de tu abuelo no son una mercancía. No los vendemos a anunciantes, no los compartimos con brokers, no los monetizamos de ninguna forma. Nuestros servidores están en Europa. Las claves las tenemos solo nosotros.
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Dos. Quien es observado puede siempre apagarnos.
La persona mayor de tu familia tiene derecho al silencio. Puede activar el Quiet Mode con un solo toque. Puede ver quién la está observando, cuándo, y por cuánto tiempo. Puede eliminarte de su vida digital en cualquier momento, sin pedir permiso a nadie.
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Tres. Las señales de seguridad crítica son inviolables.
Una caída, un check perdido, un SOS — estas señales Albert no puede esconderlas, retrasarlas, ni reformularlas. Nunca. Está escrito en la arquitectura, no en una configuración. Ni siquiera nosotros podemos eludirlo.
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Cuatro. No fingimos ser lo que no somos.
No somos médicos. No diagnosticamos. No sustituimos a urgencias, ni a un cardiólogo, ni a una cuidadora, ni a una ambulancia. Somos una compañía silenciosa que observa patrones, te cuenta una historia cada día, y te da la tranquilidad de estar con quienes amas en lugar de mirar una pantalla.
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Cinco. Cada año publicamos qué hemos hecho con tus datos.
En enero de cada año publicamos el Trust Report: cuántas veces se ha usado el Quiet Mode, cuántas falsas alarmas se han corregido, cuántas peticiones GDPR hemos recibido, cuántos cuidadores han pedido reducir la observación. Sin filtros. Sin marketing.
Si tan solo uno de estos cinco principios se viola, Albert deja de tener razón de existir. Y lo sabemos.
— El equipo Albert Life